
Artículo publicado el día lunes 05 de abril de 2010 en el diario "El Pueblo"
Hace quince años se desarrollo el último conflicto armado que sostuvimos con la hermana república del Ecuador. Después de estos tres lustros las relaciones entre nuestros pueblos han mejorado de una manera significativa, en la actualidad las generaciones más jóvenes no pueden concebir el hecho de que antes hayamos llegado a matarnos entre nosotros, conceptuando al vecino como un enemigo irreconciliable.
Incluso se sostiene que el logro más grande que tuvo la gestión Fujimori en sus diez años de gobierno fue conseguir la paz con nuestros entrañables vecinos del norte, nos aunamos a está posición y sin dejar de criticar sus crímenes pienso que con esta paz lograda el ex mandatario tiene un lugar ganado en la historia de nuestro país. Pero este logro continental de paz, tuvo un actor que generó la crítica continental, nos referimos a Argentina.
Argentina, yendo en contra de todo el espíritu de unión latinoamericana, se atrevió a vender armas en pleno conflicto bélico a Ecuador, agravando este hecho dos factores de público conocimiento: la prohibición que había de vender armas a nuestros dos países y, lo más significativo, que Argentina era uno de los países garantes de nuestro protocolo fronterizo.
Cuando en el ya lejano 1995 se hizo de conocimiento general este hecho todos nos sentimos indignados, los antiguos lazos de hermandad que habían forjado San Martín siendo protector de nuestro país y Álvarez Thomas como Presidente de las Provincias Unidas se vieron rotos y olvidados prontamente. Todavía en el recuerdo de la población de nuestro país quedaba nuestra colaboración, casi solitaria, para con el querido pueblo argentino durante la guerra con el Reino Unido por las Islas Malvinas, la traición dolía más por que venía por parte de uno de los hermanos más queridos del continente.
Nuestros australes vecinos investigaron y se excusaron pero nunca pudieron dar una respuesta certera sobre lo acontecido, teniendo esto como natural consecuencia el enfriamiento de nuestras relaciones diplomáticas y que quedaba en la memoria como pudieron hacer negocio con la sangre de nuestros compatriotas. Mucha agua a corrido bajo el puente en esta década y media que ha pasado y debía llegar el momento en que se tenía que pedir disculpas por este hecho, parecía que ningún presidente deseaba hacerlo.
Bajo este panorama sombrío, ha llegado a nuestro país Doña Cristina Fernández de Kirchner, con una intención dada a conocer por ambas cancillerías, venía a pedir disculpas en voz alta y reconocer que hubo un error grave. Dejando en claro que el mismo fue hecho por un Gobierno y que no comprometía en ningún sentido el afecto de los argentinos hacia nuestra patria. Dicho gobierno, nos referimos al de Menem, se caracterizo por su corrupción en mayúsculas proporciones que llevo a que una de las naciones más prosperas de nuestra Latinoamérica cayera en una recesión sin precedentes solo comparable con el fujimorato vivido en nuestras tierras.
Doña Cristina ha tenido la gallardía de reconocer un error, pidiendo de esta forma el restablecimiento completo de nuestras relaciones diplomáticas. García, nuestro presidente, ha aceptado las disculpas en nombre de todos los peruanos pidiendo que las viejas alianzas se consoliden y fortalezcan en un clima de amistad que nunca debió de ser perdido.
Nuestras relaciones con Argentina podrían ser comparadas a la de dos hermanas que siempre van de la mano, han sido muy contadas las ocasiones en que no hemos actuado en conjunto en los foros internacionales; ha llegado el momento de reencontrarnos y lograr impulsar un nuevo clima de paz entre todos los países de la región. García y Kirchner han reafirmado su compromiso de lucha en contra del armamentismo, juntos podemos impulsar este gran sueño de una Latinoamérica libre de conflictos para, algún día, concretar la idea del gran venezolano de una Latinoamérica unida, solida y sin fronteras.
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