lunes, 25 de julio de 2011

Sueños



Artículo publicado el 21 de julio del 2011 en el diario "El Pueblo"

¿Con qué Perú debemos de soñar?, es la cuestión que debemos hacernos ad portas del ingreso de un nuevo mandatario a la Casa de Pizarro. Pregunta que Víctor Andrés Belaunde Diez Canseco ya la proponía al inicio de la centuria pasada y que pocas veces es abordada por nosotros; una cuestión que puede sonar retórica pero oculta los más profundos ideales que podemos tener para nuestro país y para nosotros mismos.
Ya que se me permite escribir a través de este medio, he decidido aportar mi grano de arena y expresarles lo que yo pienso que debemos de soñar. Estos ideales son fruto de una tarea realizada a través de conversaciones en los claustros universitarios, en mi ambiente de trabajo y en entornos amicales y familiares.
En primer lugar pienso que debemos de soñar en un país más igualitario, en el cual las brechas sociales, políticas y culturales sean superadas. En el que todos nosotros seamos respetados por nuestra peculiar forma de pensar sin intentar subsumirnos a sistemas culturales que no compartimos. Esto nos dará un país en donde todos los ciudadanos tengan oportunidades de desarrollo personal y colectivo similares logrando con ello alcanzar la felicidad.
Además debemos de soñar en un país en el cual el crecimiento económico se encuentre individualizado para que en los hogares los padres puedan darles de comer a sus hijos sin tener que abandonarlos con el objeto de lograr un poco más de ingresos, es decir un país con sueldos más justos que no hagan sobrevivir sino vivir a nuestras familias, alcanzando armonía y paz.
Soñar en un país menos violento, más pacífico, en el cual no te maten por robarte 20 soles, en el que las noticias policiales sean solo algo anecdótico y no casi todo lo que observamos en los medios de comunicación. En el cual las minorías sexuales, religiosas o raciales no teman ser atacadas por fobias presentes en nuestra comunidad, en el que la violencia familiar sea tratada por parte del Estado y eliminada en toda nuestra sociedad.
No debe de ser un fruto de Morfeo el pensar en un país libre de toda forma de corrupción, en el cual se pueda gestionar ante todos los organismos del Estado sin dar coimas o algún tipo de “ayuditas” al empleado público que tiene el deber de atender a todos, especialmente al más pobre.
Debemos de alcanzar a ser un país más civilizado, en el cual podamos atravesar la calle por el crucero peatonal y no arranque un carro que pueda matar a alguien de nuestras familias, un país en el que no tengamos que observar en las vías públicas las huellas propias de noches de diversión sin escrúpulos, en resumen un lugar en el que nos interesemos en los otros.
Debemos de lograr ser un territorio en el cual las diferencias raciales y étnicas sean superadas. Un lugar en el que ser costeño, quechua, aimara o de alguna de las valiosas culturas que surgen en nuestra selva sea visto más como una riqueza de nuestra nación antes que un punto de discriminación insano.
Debemos alcanzar a tener buenas universidades y una educación de calidad, un país en el cual los egresados luchen por quedarse en nuestras comunidades antes que mirar la lejanía de un sueño americano o europeo.
Soñar, nunca debemos de parar de soñar. Soñar en ser grandes pero sin olvidarnos de los que no se han visto beneficiados de nuestro crecimiento como país.
Y usted amigo mío: ¿en cuantos de estos sueños desea colaborar?

domingo, 24 de julio de 2011

Planteamientos Socialcristianos


Artículo publicado el 24 de julio del 2011 en el Diario El Pueblos

Hace cerca de un mes tuve el placer de encontrarme con un viejo amigo, al cual capacite en temas doctrinales socialcristianos cuando pertenecía al viejo partido fundado por don Héctor Cornejo Chávez. Partido que admiro pero que el acontecer de los tiempos ha hecho que se encuentre al borde de la extinción.
Animados por tan feliz encuentro acordamos tomar un vino para seguir con tan amena plática, se debe señalar que para el espíritu latinoamericano el vino, la cerveza o cualquier tipo de bebida espirituosa es lo que es el té para los ingleses, nada más y nada menos que un confluyente social. El transcurrir natural del diálogo nos hizo caer en el clásico tema de nuestras anteriores tertulias: el papel del socialcristianismo en la actualidad. Y es que como amantes de esta doctrina resulta preocupante el futuro que se avecina y la capacidad de respuesta frente a los acontecimientos presentes.
Después de tan singular coloquio decidimos visitar a un viejo patriarca socialcristiano. El apasionamiento de la discusión académica hizo que el día señalado nos encontráramos reunidos frente a la mente más versada en este tema en la ciudad. El escuchó de manera atenta nuestras aseveraciones, iniciándose después una conversación fructífera en el que desaparecieron las pequeñas diferencias doctrinales y las grandes diferencias etarias. Este intercambio de ideas nos llevo a las siguientes conclusiones que merecen ser enunciadas para el bien y permanencia de nuestra doctrina:
• Es imprescindible iniciar un proceso de reafirmación de nuestra doctrina e ideología abandonando la “posición veleta”, que nos hace mover desde el centro, a la derecha o a la izquierda. Esto es lo más anti doctrinal que puede haber ya que, como recordamos, el socialcristianismo no es derecha ni izquierda, si no humano por esencia.
• El discutir sin restricciones sobre temas de actualidad como el de los derechos homosexuales. Podemos observar que nuestros pares europeos han intercambiado hasta la saciedad estos acápites, especialmente en Alemania, retirando la venda religiosa y clerical generada por una incorrecta compresión del termino socialcristiano dentro de nuestra doctrina, la reivindicación de los derechos de las minorías es un hecho que tenemos que realizar.
• En concordancia a lo anterior, debemos alejarnos de posiciones clericales que muchas veces no nos permiten desarrollar nuestra capacidad de tolerancia. Debemos recordar que el papel de la tolerancia, sin trastocar nuestros principios socialcristianos básicos, es de suma importancia para llegar a la negociación política viable. La religión y la política no son buenas amigas ya que buscan fines sociales distintos.
• Lograr la unidad programática, con miras a la ideológica de todos los actores socialcristianos (incluyendo esto a todos los partidos, movimientos y colectivos). Hace más de 40 años en que se dio la división entre la Democracia Cristiana y el Partido Popular Cristiano que ha tenido como fruto el que nunca hayamos llegado a ser gobierno.
Estas fueron, en resumidas cuentas, las conclusiones a las que llegamos en tan singular coloquio; las cuales hago mías entendiendo que cualquier socialcristiano de corazón podría abrazarlas. Durante muchos años hemos tenido que aguantar el maltrato y las burlas de los analistas y actores políticos puesto que no hemos logrado ser gobierno por nuestra pobre capacidad de adaptación y concertación. No es solo un cambio sino el compromiso de modernizar la aplicación de nuestra doctrina sin sacrificar nuestros principios lo que nos volverá una alternativa factible de gobierno.
Logremos el cambio social que el maestro Belaunde nos pedía, de esta forma la sociedad justa y equilibrada orientada al bien común será lograda. SIN UNIDAD ESTO NO ES POSIBLE.