
Una amiga mía, hace poco, me comentaba que yo no tenía que preocuparme de la moda, ya que esta siempre ha sido y será considerada como tema de segunda importancia para los abogados. A mi me asombro la ignorancia sobre el tema de la moda y su relación con el derecho que revelaba ella.
Porque el tema de la moda es connatural al derecho. Me imagino que en este momento algún colega mío que este leyendo esta nota habrá dado el grito al cielo y estará llamando a las distintas facultades de leyes para averiguar en cual me gradué y pedir la revisión de la tesis presentada para ser parte de esta honorable profesión, y otros, de los amados hijos de Cicerón, por lo menos habrán emitido una sonrisa a medias que indicara su benevolencia frente a este ignorante. Pero lo que declaro es cierto y lo sostengo con la misma convicción que me hizo abrazar esta profesión.
La moda en el Derecho, naturalmente, no se trasluce en los ternos (que antes fueron fracs y antes trajes con levita) que usamos, ni siquiera en los colores cada vez más vistoso con los cuales buscan vendernos Códigos que adornan nuestras bibliotecas particulares. La moda en el derecho se trasluce en una constante adaptación de nuestra legislación a “los modelos importados” de leyes, sin previamente analizar su viabilidad o no en nuestro país.
Y “el ultimo grito de la moda” extraído de las gentiles y glamorosas pasarelas de la legislación norteamericano no es otra que Ley que Regula el Procedimiento No Contencioso de la Separación Convencional y Divorcio Ulterior en Municipalidades y Notarías o la bien llamada ley del Divorcio Rápido. Esta ley nos viene muy bien presentada, ya que nos afirma que el divorcio se puede obtener hasta en tres meses, y con la recompensa de que no va a gastar en abogados y en cortes desprestigiadas si no se realizará en el municipio o en el notario de la Familia, ¿suena bien o no?.
Y por su puesto esta moda ya tiene sus defensores, los típicos abogados “ahorradores”, los mismo que defienden y defenderán el principio de economía procesal (es decir hacer mas rápidas las cosas) y el de descongestionamiento de la carga procesal (que no vaya todo a la corte para que no demore) sobre todas las cosas. Para estos abogados, entre los cuales están muchos de mis maestros, son estas las columnas de nuestro Sistema de Legislación Civil y al estilo de los mejores fundamentalistas árabes deben de ser defendidas a uñas y dientes. A ellos se les unen los litigantes que ven en este tipo de procesos una solución a sus tortuosos trámites e incidentes que tienen que pasar en la corte para separarlos de quien los ha hecho infelices.
Tal vez si se tratase de una materia tributaria, o incluso de una materia comercial, apoyaría el principio de economía procesal como fundamento básico de análisis, pero en el tema del derecho familiar es imposible. La legislación en materia de Familia, en nuestro país, ha sido inspirada en su totalidad en el principio "favoor matrimonii", que lamentablemente, en las cátedras de derecho ha sido olvidado. Este principio, estimados lectores, obliga al Estado el legislar a favor del matrimonio, manteniéndolo, promoviéndolo, apoyándolo y fortaleciéndolo cuando esta en crisis. Ya que mediante este principio el Estado reconoce la importancia del matrimonio para constituir familias sólidas.
El matrimonio garantiza, naturalmente con excepciones lamentables, el nacimiento de nuevos ciudadanos fieles y defensores de nuestro país. Sin matrimonios sólidos es complicado creer que el niño pueda criarse y desarrollarse en un ambiente de armonía y seguridad.
Es extraño pero ahora hemos pasado de tratar de mantener un matrimonio por el bien de los hijos (como pensaban nuestros abuelos) a un divorcio por el bien de los mismos (como pensamos ahora con la nueva moda). Nuestros legisladores y mayoría de juristas nos han dado la espalda, tal vez es el momento de mirar de frente y decir: ¿señores que pasa?
No porque el Estado se ahorre inconvenientes podemos sacrificar a la familia, sacrificar el nacimiento de familias bien constituidas. Estos no es otra cosa que traicionar a los mismos ciudadanos que han puesto a los legisladores en sus sillones para legislar. Con este panorama, lo peor es saber cuantas de estas modas seguirán y como estas nos afectaran en el futuro.




