
Artículo publicado el jueves 07 de febrero de 2008 en el Diario "El Pueblo"
Hace menos de dos semanas se difundieron dos noticias que estaban relacionadas al TLC firmado entre Perú y Estados Unidos de Norteamérica. Por un lado el ex-candidato Jhon Edwards (del Partido Demócrata) afirmaba que el convenio generaba un impacto negativo a los norteamericanos dedicados a faenas agrícolas; por otro lado, el Presidente Bush agradecía, en su último mensaje al Congreso de la Unión, su apoyo a la firma del TLC con el Perú y hacia pedido de que este pueda ser extendido a otros países de nuestra región.
Las dos informaciones han pasado desapercibidas en los medios de comunicación nacionales. Realmente resulta preocupante notar que nuestros vecinos del norte (la primera economía del mundo) están más preocupados de la implementación del TLC con el Perú que nosotros en prepararnos para su llegada. No es difícil darse cuenta que nuestro país, en todos sus niveles de gobierno, esta perdiendo la brújula frente a un hecho que puede cambiar nuestras perspectivas de desarrollo para bien o para mal. Entre los distintos sectores el agro es el que nos debe de preocupar más.
Ejemplos como la experiencia mexicana (que hace poco ha estado en huelga pidiendo la negociación del capítulo referido a la agricultura en su TLC) demuestran que si el sector agrícola no esta preparado para afrontar este tema puede caer en quiebra, con la esperada perdida de empleos.
El Gobierno Central debe de pensar la manera de apoyar a los sectores que van a verse necesariamente perjudicados con el TLC, como es el caso del sector agrícola. El Gobierno Central ofreció un sistema de compensación a este sector, pero hasta ahora no se siente ningún tipo de efecto positivo entre los agricultores.
El sector Publico debe recordar que uno de los principios fundamentales de su actuar es la subsidiariedad que no es otra cosa que la facultad que tiene el actor mayor de realizar las labores correspondientes al actor menor cuando este no puede realizarlas, y esto se da esencialmente en el caso de nuestro pequeños y desorganizados agricultores que necesitan que el Estado intervenga.
Esta intervención no la planteamos solamente con la perspectiva de subsidios económicos, que hay que ver si tenemos recursos para ellos, por el contrario hablamos de tareas más sencillas y viables: como la planificación agrícola, la búsqueda de mercados para los productos de nuestros agricultores locales y cuando ninguna de estas dos alternativas funcione la reconversión de cultivos.
El Régimen debe de buscar Gestores Públicos que promuevan el desarrollo de capacidades productivas en la población perjudicada, esta es la subsidiariedad que sugerimos se aplique. La capacitación es un gasto que puede ser subsidiado por el Estado.
Naturalmente no estamos a lado de propuestas trasnochadas que recurren a una utopía marxista que plantea que todo trato con Estados Unidos es malo; por el contrario creo que si nosotros aprovechamos esta puede ser nuestra mayor oportunidad de crecimiento ya que en combinación con el aumento de tierras de cultivo, gracias a proyectos como Angostura, puede significar más empleo y desarrollo en nuestro país. Pero las autoridades políticas deben de prepararse o pedir la colaboración de las personas que puedan hacerlo.
Hace menos de dos semanas se difundieron dos noticias que estaban relacionadas al TLC firmado entre Perú y Estados Unidos de Norteamérica. Por un lado el ex-candidato Jhon Edwards (del Partido Demócrata) afirmaba que el convenio generaba un impacto negativo a los norteamericanos dedicados a faenas agrícolas; por otro lado, el Presidente Bush agradecía, en su último mensaje al Congreso de la Unión, su apoyo a la firma del TLC con el Perú y hacia pedido de que este pueda ser extendido a otros países de nuestra región.
Las dos informaciones han pasado desapercibidas en los medios de comunicación nacionales. Realmente resulta preocupante notar que nuestros vecinos del norte (la primera economía del mundo) están más preocupados de la implementación del TLC con el Perú que nosotros en prepararnos para su llegada. No es difícil darse cuenta que nuestro país, en todos sus niveles de gobierno, esta perdiendo la brújula frente a un hecho que puede cambiar nuestras perspectivas de desarrollo para bien o para mal. Entre los distintos sectores el agro es el que nos debe de preocupar más.
Ejemplos como la experiencia mexicana (que hace poco ha estado en huelga pidiendo la negociación del capítulo referido a la agricultura en su TLC) demuestran que si el sector agrícola no esta preparado para afrontar este tema puede caer en quiebra, con la esperada perdida de empleos.
El Gobierno Central debe de pensar la manera de apoyar a los sectores que van a verse necesariamente perjudicados con el TLC, como es el caso del sector agrícola. El Gobierno Central ofreció un sistema de compensación a este sector, pero hasta ahora no se siente ningún tipo de efecto positivo entre los agricultores.
El sector Publico debe recordar que uno de los principios fundamentales de su actuar es la subsidiariedad que no es otra cosa que la facultad que tiene el actor mayor de realizar las labores correspondientes al actor menor cuando este no puede realizarlas, y esto se da esencialmente en el caso de nuestro pequeños y desorganizados agricultores que necesitan que el Estado intervenga.
Esta intervención no la planteamos solamente con la perspectiva de subsidios económicos, que hay que ver si tenemos recursos para ellos, por el contrario hablamos de tareas más sencillas y viables: como la planificación agrícola, la búsqueda de mercados para los productos de nuestros agricultores locales y cuando ninguna de estas dos alternativas funcione la reconversión de cultivos.
El Régimen debe de buscar Gestores Públicos que promuevan el desarrollo de capacidades productivas en la población perjudicada, esta es la subsidiariedad que sugerimos se aplique. La capacitación es un gasto que puede ser subsidiado por el Estado.
Naturalmente no estamos a lado de propuestas trasnochadas que recurren a una utopía marxista que plantea que todo trato con Estados Unidos es malo; por el contrario creo que si nosotros aprovechamos esta puede ser nuestra mayor oportunidad de crecimiento ya que en combinación con el aumento de tierras de cultivo, gracias a proyectos como Angostura, puede significar más empleo y desarrollo en nuestro país. Pero las autoridades políticas deben de prepararse o pedir la colaboración de las personas que puedan hacerlo.
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