viernes, 27 de junio de 2008

Las Culturas frente a los Derechos Humanos


Artículo publicado el día Viernes 27 de junio del 2008 en "Mirada Global" (http://www.miradaglobal.com/)

Arequipa / Temas – El mundo está dividido en múltiples naciones. Algunas de ellas escapan incluso a la concepción generalmente aceptada de las mismas (por ejemplo, no se puede dudar de la existencia de una nación Gitana, o de una Palestina). A lo largo de la historia, estos pueblos se han ido consolidando, respetando su derecho innegable a marcar ellas mismas su pertenencia o no a un Estado.
Dichas naciones, de manera individual, generaron su propia cultura. Cada una de ellas ha tenido su particular concepción de la divinidad, del papel de los hombres y las mujeres, el del Estado; tiene sus propias costumbres interpersonales, códigos de vestimenta, etc. Y esta peculiaridad produce, por ejemplo, que nuestro poblador de Los Andes latinoamericanos muchas veces no se sienta identificado con un "ideal nacional". El habitante de la ciudad, a su vez, más "occidentalizado", ve a éste como un salvaje… y si no se "domestica" a las buenas tendrá que hacerlo por la fuerza.
El reconocimiento mundial a los distintos grupos nacionales es una tarea que no podemos desconocer, y para la cual no cabe punto de discusión. El sueño de la igualdad extrema en este sentido ya no cae por razones económicas sino por motivos socio-culturales, que nos llevan a un nuevo planteamiento sobre el papel de la comunidad internacional hacia el futuro.

TODOS SOMOS IGUALES… PERO DIFERENTES
Jurídicamente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos es un instrumento de autoridad mundial que permite que los mínimos requerimientos de todos los habitantes del planeta sean reconocidos. Dicha Declaración, fruto innegable de las ansias de un mundo más justo, es obra del derecho positivo. No hubo una discusión sobre la fundamentación de estas normas, ni existe una corriente filosófica que las sustente. Es simplemente el acuerdo entre las partes, entre los representantes de todos los Estados miembros… es el triunfo de Rousseau.
Al contemplar la Declaración de los Derechos Humanos, salta a la luz una pregunta: ¿todos los hombres compartimos la misma interpretación sobre los mínimos requerimientos que este documento advierte como universales? La respuesta es no. Cada cultura, a lo largo de su historia, ha elaborado una concepción diferente acerca de lo que es o no necesario para poder vivir, sobre lo que es imprescindible en el desarrollo del ser humano dentro de su comunidad.
La diversidad, en tanto, fruto de la multiplicidad de culturas, pone frente a la igualdad trazada por la Declaración el problema de la incomprensión del resto de las culturas del mundo. La no discriminación es una "igualdad" perjudicial en determinadas ocasiones ya que los hombres vamos a los tribunales con las mismas normas, siendo muchas veces distintos los sistemas en los que nos desenvolvemos.

HOLA, - HOW ARE YOU?
El diálogo entre culturas, para llegar a una comprensión universal, es la solución más lógica. Este proceso, llamado interculturalidad, es el convocado a llevarnos a un entendimiento sobre la situación particular de cada una de las distintas naciones.
La interculturalidad, como acción, se inicia como un proceso de reconocimiento, de puesta en valor de las culturas, sin menospreciar a ninguna ni menos a grupo humano alguno. Esta postura choca con concepciones basadas en la superioridad o inferioridad de diferentes manifestaciones culturales, lo cual es en si una incomprensión del fenómeno. La reafirmación de otros sistemas culturales distintos al nuestro es el proceso por el cual se inicia una etapa de reflexión y de acercamiento hacia el resto, y de esta manera se logrará llevar a cabo la ansiada comprensión mundial.
Su desconocimiento nos lleva al conflicto constante. Muestra perfecta es la actualidad mundial, en la cual la lucha cultural se hace más presente que nunca. A nivel internacional Occidente enfrenta a lo que considera "terrorismo", mientras del otro lado ven este proceso como una "guerra santa" que incluso puede llevarlos a la salvación de sus almas.

NULO DIÁLOGO
Realmente escalofriante resulta la idea del nulo diálogo existente. El temor que se ha mostrado por parte de las naciones "desarrolladas" nos lleva a pensar en futuros conflictos mundiales basados en diferencias entre culturas. El proceso globalizador, ante estos inconvenientes, no ha sabido responder con la rapidez requerida. Nos damos cuenta con esto que la idea del mercado no es un hecho homogenizador sino que el hombre, aparte de las necesidades económicas que puede tener, manifiesta otros intereses relacionados con su tradición y costumbres.
De cara a este panorama, las posturas radicales hablan de la imposición, es decir de un proceso que nos lleve en primer término a juzgar qué cultura es correcta y cuál no, después de evaluar, impondremos sobre estas "culturas incorrectas" nuestro pensar para llegar a la homogenización que haga que todos los hombres seamos iguales. Dicha imposición nos llevará necesariamente al conflicto; ya que el choque producido en el interior de estas comunidades va a ser inimaginable.
Frente al problema planteado, la solución pasa por la afirmación de la Declaración de los Derechos Humanos. No podemos eliminar o replantear esta tesis, nos llevaría a un revisionismo que consideramos innecesario y peligroso, puesto que según nuestro pensar el documento sí puede ser compartido por las distintas culturas pero no imponiéndolo sino dialogando.

A MODO DE SOLUCIÓN
El proceso de diálogo que se ha de generar para poder llevar dicha propuesta a la práctica parte del reconocimiento y el no juzgar a las otras culturas, poniéndonos todos en un mismo nivel, sin superioridad ni inferioridad, en la totalidad de aspectos, desde los mínimos a los trascendentales, sin jerarquizar.
En segundo término, la propuesta debe de ser acompañada de un proceso de "Inculturación", es decir, no imponer los Derechos Humanos sino sumergirnos en la realidad de cada una de las comunidades culturales, inmiscuyéndonos y haciéndoles ver que los derechos humanos pueden ser compatibles con sus prácticas tradicionales, teniendo el entendimiento cultural como base.
Estas tareas nos llevan a deliberar sobre el factor positivo de cada cultura, y dejar así de lado lo que podemos ver como negativo. El planteamiento se fundamenta en el hecho de que toda cultura tiene, por así decirlo, una escala valorativa que generalmente se basa en la idea del bienestar para todos, en el desarrollo personal, punto que es coincidente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
De esta forma reafirmamos nuestra postura de que la "Inculturación" de los Derechos Humanos, no la imposición, el diálogo y no la violencia, nos llevará a un fin mejor, en un mundo más justo basado en el respeto a cada nación y a cada ser humano.

Leerlo en español:http://www.miradaglobal.com/index.php?option=com_content&task=view&id=872&Itemid=9&nw=1&lang=es&section-=&sectionid-=
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domingo, 22 de junio de 2008

¿Quién nos dará seguridad?



Artículo publicado el sábado 21 de junio del 2008 en el Diario "El Pueblo"

Hace tres días, acompañaba a mis padres a realizar trámites en la Seguridad Social. No eran ni siquiera las 10 de la mañana así que decidimos, después de concluidas nuestras gestiones, desayunar en alguno de los restaurantes del centro de la ciudad.
Al intentar cruzar la esquina (me refiero a la ubicada entre las calles Peral con Ayacucho) observamos que el tránsito estaba completamente congestionado. El semáforo no era respetado por nadie, haciendo cada quien, conductores y peatones, lo que se les daba la gana. Nosotros nos acercamos a un policía que vimos comenzaba a alejarse, y le preguntamos: “¿Por qué no hace algo?”, y el bajando el semblante simplemente dijo: “Esta ciudad es una desgracia, ya nadie respeta nada”. Nosotros nos miramos asombrados y mientras volteábamos a recriminar su respuesta, el efectivo del orden se alejaba raudamente.
Es sorprendente a los niveles que esta llegando el problema de la seguridad ciudadana. Desde hace algunos meses somos testigos de una cantidad de asaltos, violaciones, hurtos y homicidios, que eran inconcebibles en nuestra ciudad hasta hace algún tiempo. La situación se ha vuelto realmente preocupante, tanto así que la Policía, después de haber estado en una relación tirante con el Ministerio Público, prácticamente ha reconocido que la situación se le escapo de las manos.
Mientras tanto, el Representante del Defensor del Pueblo nos informa que en las Provincias están funcionando el 90% de comités de seguridad ciudadana mientras que en la provincia capital de nuestra región solo el 50%, demostrando de esta manera el nulo interés que tiene la población en participar de este sistema nacional que permitiría, de cierta manera, reducir la delincuencia. Tenemos, además, un problema de imagen que esta comenzando. Los medios nacionales, a razón de la muerte de una turista israelí y de otros ciudadanos de nuestra región, nos han puesto en una situación preocupante frente al turismo nacional. Algunos hacemos votos para que esta imagen no se expanda en otros países, ya que poco a poco deseamos que el turismo se incremente y con ellos nuestros ingresos al peculio local.
El General Jordán Brignole, ex jefe de la XI DITERPOL, reclamo el apoyo de todos los sectores de la Región. Me aúno al pedido de Jordán Brignole, pero considero que su primer llamado debio ser para los alcaldes distritales y el cumplimiento de sus funciones en el Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana. Los que hemos tenido experiencia en el trabajo municipal, hemos sido testigos del poco interés de los señores alcaldes. Los Municipios Distritales se encargan muchas veces de la compra de un par de camionetas o dos motos, y no se dan cuenta que aparte de ello, como les señalan los expertos, la organización ciudadana y la alianza empresa-estado son de suma importancia para reducir la delincuencia y el peligro en sus localidades. Estas municipalidades “compradoras”, siguen manteniendo su mismo índice delictivo y ni siquiera han realizado una sectorización distrital que permitiría una mayor cobertura de las unidades adquiridas.
La ciudadanía, mientras tanto, sigue encerrándose en sus casas, enrejando sus calles y caminando con temor de que pueda ser perjudicada en sus derechos y objetos personales adquiridos. La situación se ha hecho realmente insoportable. Los Alcaldes Distritales tienen que tomar el liderazgo en esta área y las estrategias de seguridad ciudadana locales tienen que ser replanteadas, sino los problemas de seguridad, que estamos viendo aumentar en nuestra ciudad, no van a disminuir y la situación puede pasar a niveles de un descontrol único.
Ese policía de la esquina de Peral y Ayacucho pareciera que tenía razón: “Ya nadie respeta nada”.

lunes, 2 de junio de 2008

No es malo quejarse


Artículo publicado el lunes 02 de junio de 2008 en el Diario "El Pueblo"

Tengo un amigo, joven docente universitario, al cual respeto, admiro y considero una futura promesa académica para nuestra ciudad. Se llama Juan Pablo Manrique, y comparto con el, diría yo, los mismos principios socialcristianos que intentamos inspiren nuestra vida y labor académica. Pero como todo el monte no puede ser orégano, tengo que criticar su posición conservadora aparecida recientemente en su blog (página particular en Internet) sobre un tema económico-social.
En este artículo, revisa uno aparecido en la prensa chilena. Dentro de su observación sostendrá, como verdad, que para mantener y aprovechar el crecimiento económico que se presenta en nuestro país, el ciudadano peruano debe “Reducir la cultura de la queja y estimular una cultura por el trabajo”. Este comentario, típico de los sectores de derecha, no podemos compartirlo.
Es cierto, como lo sabemos todos, que nuestro país esta creciendo a una tasa inimaginable y cada quien debe de aprovecharla para salir adelante; pero hay gente que no tiene los medios y que no puede hacerlo sola. Porque hay sectores, y no están lejos de esta ciudad, que han sido olvidados. Existe una población indígena, que generalmente coincide con las zonas rurales, que no ha visto mejorar su situación económica. La pobreza en este país, como lo sabemos todos los que hemos tenido oportunidad de trabajar en este campo, tiene rostro humano: esta en el ande.
Esa misma gente, especialmente en épocas otoñales como las que enfrenta nuestra ciudad, no tienen que comer. El Gobierno Aprista, apoyado por los sectores más conservadores en materia económica, no se atreve a proveer de medios de crecimiento a esta misma ya que confunde estos con asistencialismo.
A la par nuestros trabajadores ven cada vez más desprotegidos sus derechos. Los pocos derechos laborales en nuestro país (y este es un punto que los mismos chilenos sostienen como probable motor de nuestro crecimiento), llevan a sueldos míseros, a una mala repartición de la riqueza y a una completa desigualdad social. Entonces podemos afirmar que hay dos grandes problemas identificados actualmente: Alimentación y Empleo. Estos problemas, mi estimado, no están siendo bien tratados por el Gobierno Peruano. Chile, como apunte adicional, esta revisando sus derechos sociales gracias a gobiernos democráticos que se han dado cuenta que la brecha entre los sectores sociales se volvió considerable a pesar de unas cifras económicas demasiado positivas producidas durante un gobierno dictatorial que no permitía quejas ni reclamos de ningún tipo. Hay derechos sociales que deben de ser reclamados y considerados en toda negociación que se plantee, sea esta interna o externa, sino de que estado de bienestar que busque el bien común podemos hablar mientras tengamos que soportar víctimas del crecimiento económico por nuestra incapacidad de quejarnos.
La queja no es mala, tal vez las formas puedan ser criticables pero es inconcebible un Estado social de derecho democrático sin la participación de todos y eso incluye al tercer sector que muchas veces no se ve representado por un partido político y encuentra en la protesta (racional y coherente) la salida adecuada para el cambio social necesario. La Ciudadanía, reclama en un momento necesario quejarse y protestar, debemos de estar dispuestos a permitirlo y tolerarlo, y no considerarlo como algo que impide “la cultura por el trabajo”.
La experiencia internacional (el caso de México y su sector agrícola en el tema del TLC o el caso de Chile en el tema de pensiones) nos ha demostrado que cuando la población no reclama, a la larga, se crece macroeconómicamente pero se llega a problemas sociales mayores. Es lamentable que el partido de gobierno, que dice defender a los desprotegidos, critique a los sectores desfavorecidos cuando estos protestan, típico alegato este de los sectores conservadores más radicales que ven en la protesta un peligro para un crecimiento económico de pocos que no tiene rostro humano y que ha demostrado ser cruel con los sectores más desfavorecidos.