
Artículo publicado el 15 de marzo de 2010 en el diario "El Pueblo"
La última de las hijas de la familia Fujimori Higuchi, Sachi, se ha casado hace cerca de una semana generando un revuelo dentro de la clase política peruana. Este acontecimiento sirvió, además, de palestra política para que miembros del partido naranja que tuvieran cargo durante el mandato del expresidente Fujimori salieran a las calles para decir: “Seguimos vivos”. Este suceso familiar se hace público puesto que el mismo se desarrollo en la capilla de la DIROES (lugar de arresto del ex mandatario) obteniéndose un permiso especial para que el padre llevase al altar a su descendiente.
Esto ha sido criticado por algunos sectores políticos nacionales, pero también ha servido para hablar en voz alta sobre los derechos de los reclusos. Los más desconfiados afirman que este acto no demostraría otra cosa que la alianza entre el partido de la estrella solitaria y el fujimorismo. Otros, por el contrario, felicitamos la dación de este permiso ya que comprendemos que el mismo no se le dio al delincuente sino al padre de familia que tiene todo el derecho de acompañar a su hija en este acontecimiento trascendental.
En los últimos años se han desarrollado posiciones divergentes dentro de los sucesores de Cicerón: Por un lado podemos observar una tendencia mundial a acrecentar las sanciones y eliminar cualquier tipo de beneficio penitenciario ya que se prioriza la sanción antes que la rehabilitación del individuo. En sentido contrario nos encontramos los defensores de la resocialización como objetivo primordial del sistema penitenciario, considerando que el único derecho que se puede ver obstaculizado en su ejercicio es el de la libertad de movimiento (a través de la reclusión de los individuos), pero exceptuando esto el delincuente debe de poder seguir ejerciendo el resto de estos ya que será mucho más sencilla la aplicación de cualquier política resocializadora.
No se debe entender que compartimos el pensamiento fujimorista, menos defendemos los crímenes realizados durante la dictadura, pero reconocemos que es un ser humano y por lo tanto le asiste el derecho de convivir y compartir con su familia sus vivencias sean estas felices o no, el debe de cumplir su sentencia pero no por ello se le puede menoscabar el resto de sus derechos. Esto se fundamenta en dos razones: la concepción de la dignidad intrínseca del ser humano y el respeto a los integrantes de las familias de los detenidos que no tienen porque pagar por los errores de un criminal.
La sociedad en su conjunto, especialmente los políticos y juristas, deben de entender que aunque los delitos generados por los antisociales hagan un daño personal y colectivo muchas veces irreparable, la función central de la pena debe de ser la resocialización del individuo y esta no se logrará si los derechos de los encarcelados no son respetados y a la par se les permite desarrollarse lo más plenamente posible como individuos.
Esta medida dada al exmandatario no debe de ser particular sino es imprescindible que la misma sea repetida en los caos similares que incumben a nuestros reclusos. Vemos con atención como el Presidente García se ha pronunciado a favor de que sea autorizado el matrimonio del líder senderista, esperamos que como se esta hablando de este tema para los delincuentes de alto nivel y fama mundial el mismo llegue a todos los habitantes de las cárceles que sufren a diario la falta de libertad ya que si no se da se esta impidiendo el desarrollo de estos individuos, al cual tienen derecho como cualquier otra persona.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada