
Artículo publicado el 28 de agosto de 2009 en el diario "El Pueblo"
Cuando uno entra en la arena política, sea como simpatizante, militante o actor, generalmente lo hace a razón de referentes históricos más que por las doctrinas y planteamientos de los distintos partidos. El utilizar estos referentes nos permite sentir a la política no como algo teórico sino como un fenómeno personal.
Estos referentes históricos nos hacen ver el actuar político como un servicio a la comunidad, es decir como la forma más perfecta de la caridad en términos socialcristianos. Sin la presencia de estos la apatía generada por la corrupción y mala praxis presente en nuestro medio mundial sería aplastante.
Edward Kennedy cumplió este papel en una forma casi perfecta. “El león del Senado Norteamericano” fue un rotundo ejemplo político digno de imitación; premiado por el electorado de Massachusetts a través de constantes reelecciones que darían como fruto una carrera de 47 años en los pasillos senatoriales norteamericanos. Su vida personal no estuvo libre de incidentes (sus problemas con la bebida, el incidente con Mary Joe Kopechne, su accidentado divorcio, etc.) pero estos no deslegitiman su accionar en torno a la constante defensa de los derechos humanos, y entre ellos especialmente los laborales, a nivel mundial.
Su presencia política era de suma importancia en su partido. Algunos sostenemos que sin el apoyo de Kennedy a Obama frente a Clinton en las primarias demócratas este no hubiera podido conseguir su nominación. El factor Kennedy era transcendental para los dos candidatos.
En torno a América latina asumió posiciones valiosas. Entre ellas esta la crítica que hizo en contra de su gobierno, que en un momento generó un descontento popular, en torno a la invasión de Panamá en el año 1989, violentando tanto los acuerdos de la ONU como los de la OEA. Además, su apoyo en contra del armamentismo en nuestra región y la exigencia constante del respeto de los derechos civiles de las minorías repercute en los defensores de los derechos humanos en todo nuestro continente.
Aparte de estos transcendentales temas, la comunidad latinoamericana seguía con expectativa el papel de Kennedy en torno a dos cuestiones. En primer lugar el de la reforma migratoria, tan aclamado por nuestros parientes y hermanos que viven en el país de las libertades. El junto con McCain iniciaron las negociaciones para lograr la aprobación de esta norma; pero los deseos presidenciales del senador republicano cortaron esta posibilidad ya que fue necesaria su renuncia a esta para conseguir la nominación de su paquidérmico partido. Si no hubiera sucedido este último hecho el asunto ya habría sido superado.
Por otro lado tenemos la reforma del sistema de salud, el cual esta suscitando una fuerte discusión en el parlamento que tiene en vilo a la clase política del norte. Las injusticias originadas en los sectores desfavorecidos de esta economía, entre ellos la población hispana, podrían ser culminados trayendo consigo una igualdad tan necesaria en la primera potencia del mundo. Kennedy era el impulsor desde hace varios años de este añorado proyecto en el Senado.
Kennedy, salvando las diferencias particulares en torno a su vida privada, tiene ya un sitio ganado entre los demócratas del mundo del siglo veinte. El mundo reconoce en el a un Patricio, que con su ejemplo político pudo trasmitir un mensaje de esperanza en medio de esta crisis mundial. La desaparición de Kennedy y la reciente de Aquino, producen un vacío dentro de los referentes históricos positivos en la política internacional, que esperamos sea prontamente cubiertos, para que los que nos dedicamos a esta actividad podamos seguir creyendo en que es posible una “buena política”.
Estos referentes históricos nos hacen ver el actuar político como un servicio a la comunidad, es decir como la forma más perfecta de la caridad en términos socialcristianos. Sin la presencia de estos la apatía generada por la corrupción y mala praxis presente en nuestro medio mundial sería aplastante.
Edward Kennedy cumplió este papel en una forma casi perfecta. “El león del Senado Norteamericano” fue un rotundo ejemplo político digno de imitación; premiado por el electorado de Massachusetts a través de constantes reelecciones que darían como fruto una carrera de 47 años en los pasillos senatoriales norteamericanos. Su vida personal no estuvo libre de incidentes (sus problemas con la bebida, el incidente con Mary Joe Kopechne, su accidentado divorcio, etc.) pero estos no deslegitiman su accionar en torno a la constante defensa de los derechos humanos, y entre ellos especialmente los laborales, a nivel mundial.
Su presencia política era de suma importancia en su partido. Algunos sostenemos que sin el apoyo de Kennedy a Obama frente a Clinton en las primarias demócratas este no hubiera podido conseguir su nominación. El factor Kennedy era transcendental para los dos candidatos.
En torno a América latina asumió posiciones valiosas. Entre ellas esta la crítica que hizo en contra de su gobierno, que en un momento generó un descontento popular, en torno a la invasión de Panamá en el año 1989, violentando tanto los acuerdos de la ONU como los de la OEA. Además, su apoyo en contra del armamentismo en nuestra región y la exigencia constante del respeto de los derechos civiles de las minorías repercute en los defensores de los derechos humanos en todo nuestro continente.
Aparte de estos transcendentales temas, la comunidad latinoamericana seguía con expectativa el papel de Kennedy en torno a dos cuestiones. En primer lugar el de la reforma migratoria, tan aclamado por nuestros parientes y hermanos que viven en el país de las libertades. El junto con McCain iniciaron las negociaciones para lograr la aprobación de esta norma; pero los deseos presidenciales del senador republicano cortaron esta posibilidad ya que fue necesaria su renuncia a esta para conseguir la nominación de su paquidérmico partido. Si no hubiera sucedido este último hecho el asunto ya habría sido superado.
Por otro lado tenemos la reforma del sistema de salud, el cual esta suscitando una fuerte discusión en el parlamento que tiene en vilo a la clase política del norte. Las injusticias originadas en los sectores desfavorecidos de esta economía, entre ellos la población hispana, podrían ser culminados trayendo consigo una igualdad tan necesaria en la primera potencia del mundo. Kennedy era el impulsor desde hace varios años de este añorado proyecto en el Senado.
Kennedy, salvando las diferencias particulares en torno a su vida privada, tiene ya un sitio ganado entre los demócratas del mundo del siglo veinte. El mundo reconoce en el a un Patricio, que con su ejemplo político pudo trasmitir un mensaje de esperanza en medio de esta crisis mundial. La desaparición de Kennedy y la reciente de Aquino, producen un vacío dentro de los referentes históricos positivos en la política internacional, que esperamos sea prontamente cubiertos, para que los que nos dedicamos a esta actividad podamos seguir creyendo en que es posible una “buena política”.
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