
Artículo publicado el sábado 06 de setiembre del 2008 en el Diario "El Pueblo"
Me acuerdo, cuando era pequeño, que mi padre me recomendaba que: “Del sacerdote el consejo mas no el ejemplo”. De esta manera desvirtuaba cualquier tipo de crítica que se hacia a los hombres del altar en torno a faltas que estos cometían. Puesto que, aunque estos cumplan funciones santas, el hecho de ser seres humanos no les exime de cometer errores. Con este consejo logre respetar el ejercicio pastoral de la religión que profeso.
Hay sacerdotes que cometen errores en el mismo púlpito sagrado que tiene como fin la predicación y difusión de las enseñanzas de Cristo. Manifiestan postulados, que haciéndolos pasar como eclesiales, no son otra cosa que fruto de los particulares intereses que han orientado su actuar a lo largo del tiempo.
En una homilía, expresada el 30 de agosto, ante la Policía Nacional del Perú, el Cardenal Cipriani: “condenaba los actos hacia las fuerzas armadas”. Posteriormente, el Primado de la Iglesia manifestaba que: “son demasiado importantes los derechos humanos para que los dejemos en manos de un pequeño grupo ideológico”, refiriéndose a los miembros integrantes de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Lo positivo de esta opinión vertida por el Príncipe de la Iglesia, fue su nueva apreciación de los derechos humanos pasando de “cojudez” a “demasiado importantes”.
Los que nos hemos tomado la molestia de leer los nueve tomos y sus anexos del informe emitido por dicha comisión, somos concientes que contiene cifras cuestionables. El reconocimiento de este error, no implica el desconocer el trabajo efectuado por este conjunto de intelectuales honorables y el sentido del mismo; no pudiendo, para nada, compartir la opinión del Cardenal en torno a estos. Tenemos la obligación moral y académica de reconocer que se cometieron errores en todos los actores que intervinieron en esta lucha armada, teniendo a los pobladores del ande como los más perjudicados
Monseñor Bambarén, manifestó lo que muchos católicos venimos pensando sobre las posturas propias del Cardenal Cipriani: “Mi opinión es clara, si se calló en Ayacucho ante tantos crímenes que se cometieron en la época del terrorismo, entonces que se calle en Lima”. Los católicos que pensamos de esta forma entendemos la unión que les debemos a nuestros pastores en materia moral y religiosa, mas reconocemos que estos no pueden aprovecharse de su investidura para pretender afirmar posturas propias como Eclesiásticas.
El púlpito no debe de ser utilizado como una palestra política. Este espacio ha sido transitado por grandes hombres para la defensa de las causas justas, encontrando la muerte en torno al altar del Dios de los cristianos. Monseñor Romero, por ejemplo, utilizaría este para denunciar las atrocidades que la guerrilla y el Estado cometían en El Salvador encontrando la muerte, dignificando la vocación sacerdotal con este martirio sufrido.
Los que de una u otra manera nos consideramos católicos, esperamos que después de las declaración de Monseñor Bambarén, quede en claro que la opinión del Cardenal no es la opinión de todo el pueblo católico. Pedimos, además, que los Pastores que conducen las almas dentro de la fe católica entiendan que el púlpito debe de ser utilizado para la enseñanza y defensa de la fe, y no verse contaminado con ningún tipo de expresión política particular.
Hay sacerdotes que cometen errores en el mismo púlpito sagrado que tiene como fin la predicación y difusión de las enseñanzas de Cristo. Manifiestan postulados, que haciéndolos pasar como eclesiales, no son otra cosa que fruto de los particulares intereses que han orientado su actuar a lo largo del tiempo.
En una homilía, expresada el 30 de agosto, ante la Policía Nacional del Perú, el Cardenal Cipriani: “condenaba los actos hacia las fuerzas armadas”. Posteriormente, el Primado de la Iglesia manifestaba que: “son demasiado importantes los derechos humanos para que los dejemos en manos de un pequeño grupo ideológico”, refiriéndose a los miembros integrantes de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Lo positivo de esta opinión vertida por el Príncipe de la Iglesia, fue su nueva apreciación de los derechos humanos pasando de “cojudez” a “demasiado importantes”.
Los que nos hemos tomado la molestia de leer los nueve tomos y sus anexos del informe emitido por dicha comisión, somos concientes que contiene cifras cuestionables. El reconocimiento de este error, no implica el desconocer el trabajo efectuado por este conjunto de intelectuales honorables y el sentido del mismo; no pudiendo, para nada, compartir la opinión del Cardenal en torno a estos. Tenemos la obligación moral y académica de reconocer que se cometieron errores en todos los actores que intervinieron en esta lucha armada, teniendo a los pobladores del ande como los más perjudicados
Monseñor Bambarén, manifestó lo que muchos católicos venimos pensando sobre las posturas propias del Cardenal Cipriani: “Mi opinión es clara, si se calló en Ayacucho ante tantos crímenes que se cometieron en la época del terrorismo, entonces que se calle en Lima”. Los católicos que pensamos de esta forma entendemos la unión que les debemos a nuestros pastores en materia moral y religiosa, mas reconocemos que estos no pueden aprovecharse de su investidura para pretender afirmar posturas propias como Eclesiásticas.
El púlpito no debe de ser utilizado como una palestra política. Este espacio ha sido transitado por grandes hombres para la defensa de las causas justas, encontrando la muerte en torno al altar del Dios de los cristianos. Monseñor Romero, por ejemplo, utilizaría este para denunciar las atrocidades que la guerrilla y el Estado cometían en El Salvador encontrando la muerte, dignificando la vocación sacerdotal con este martirio sufrido.
Los que de una u otra manera nos consideramos católicos, esperamos que después de las declaración de Monseñor Bambarén, quede en claro que la opinión del Cardenal no es la opinión de todo el pueblo católico. Pedimos, además, que los Pastores que conducen las almas dentro de la fe católica entiendan que el púlpito debe de ser utilizado para la enseñanza y defensa de la fe, y no verse contaminado con ningún tipo de expresión política particular.
1 comentario:
Yo por eso soy filoteísta.
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