
Artículo publicado el martes 08 de julio del 2008 en el Diario "El Pueblo"
Álvaro Uribe, Presidente Colombiano, es el líder latinoamericano más popular de la región; 84% de los colombianos considera que su gestión realmente ha reducido el crimen organizado representado en los dos grandes flagelos que tiene Colombia: El terrorismo y el narcotráfico. Como socialcristiano, no puedo estar más que feliz y orgulloso de tener un líder que apoyado por el estimado partido conservador, logro demostrar que la democracia puede luchar contra los delincuentes.
Pero a veces los grandes hombres cometen errores. El día jueves 26, Don Álvaro anuncio, a través de un mensaje a la nación, su intención de convocar al Congreso Colombiano para que revise un fallo dado por la Corte Suprema de Justicia que le impediría realizar un probable tercer mandato.
Por supuesto, y a manera de comentario, los partidos de la oposición han salido al frente como abanderados de la democracia, a decirle que no. Cabe señalar que esos mismos partidos fueron los que intentaron negociar con la guerrilla hace algunos años y los que muchas veces se han visto acusados de recibir financiamiento del narcotráfico para sus campañas electorales. Pero el argumento ad-hominem (criticar una posición por la calidad y calificación de la persona que lo emite y no por el contenido de la crítica o comentario), tiene que ser dejado de lado y decir la verdad. Señor Uribe los liberales tienen razón.
Un sistema democrático, se caracteriza por la constante realización de procesos electorales que permitan la renovación de los cuadros nacionales de gobierno, la auditoria a las gestiones anteriores, y el fortalecimiento de instituciones y no de personas.
Los latinoamericanos que hemos tenido que convivir con presidentes populares que intentan enquistarse en el poder, como es el caso de Fujimori en nuestro país, o actualmente el caso de Chávez en Venezuela, somos testigos de las consecuencias que tal actitud puede traer en la población y en el Estado. Naturalmente hay una distancia en las calidades morales y éticas de los anteriormente mencionados y Uribe, pero aún así el apreciado mandatario colombiano intenta cometer un acto que nos resulta criticable e imprevisible en él.
Vemos en Uribe el líder de la región que le puede hacer frente a las posiciones trasnochadas que intentan encender la pradera. La realidad latinoamericana ha demostrado que Brasil no desea establecerse como líder en la región y los problemas internos que esta teniendo Argentina y Chile impide que estos países puedan tener algún tipo de liderazgo; además nuestro querido y amistoso México esta muy lejos de preocuparse en otro tema que no sea sus relaciones con su vecino del norte.
Sólo quedan Perú y Colombia. Sabemos que nuestro mandatario no se atreve a criticar abiertamente al que puede ser en el futuro un interesante inversionista. Uribe con sus problemas internos y externos, no teme asumir una posición de denuncia de estas posiciones de izquierda radical que tanto daño nos hacen.
Pero toda esta actitud se desdibuja cuando un Presidente, sea quien sea, sin importar su popularidad o no, intenta aprovecharse de este fenómeno efímero de la popularidad para trastocar las instituciones democráticas con el único fin de permanecer en el poder.
2 comentarios:
Antes la democracia que las personas. Bien dicho.
Yo soy un bien democrático, me debo al pueblo, jajaja.
Saludos mexicanos.
Gracias por tu comentario Pavel, de tiempos que no tenia noticias tuyas un abrazo.
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