Artículo publicado el día 20 de Octubre del 2008 en el Diario "El Pueblo"Realmente los integrantes del Congreso de la República, parece que hubieran hecho algún pacto con una fuerza maléfica o que Dios en su Divina Misericordia trata de darles un poco de tiempo para que recapaciten o el pueblo olvide.
Es que realmente la suerte que han tenido nuestros padres de la Patria, es envidiable. Hasta hace menos de dos semanas la imagen del parlamento no podía estar peor. Los escándalos de corrupción avizoraban que la representación nacional iba a pasar sus peores momentos. La opinión pública incluso llego a pedir la intervención de la Contraloría. El escándalo de la Congresista Elsa Canchaya quedo minimizado frente a corruptelas que incluso hacían dudar de la capacidad intelectual de los representantes de nuestra Asamblea Nacional.
Y era tanta la animadversión que habían causado en la sociedad que nos olvidamos del problema económico internacional para observar a los parlamentarios haciendo un espectáculo bochornoso, casi a diario, sin preocuparse para nada de la población que había confiado en ellos para dar las leyes que nos gobernasen.
Llego a tal punto su frescura, que vimos desconcertados como incorporaban a su sueldo los gastos operativos; para que de esta manera no puedan ser fiscalizados por parte de la prensa y los órganos de Control. Esto debido al escándalo en el manejo de los recursos que el erario nacional les confiaba para cumplir con su labor de representación.
Y todo esto sería resuelto por un ex ministro, censurado por el Congreso de la República en la época del Presidente Toledo, cuando puso al descubierto un escándalo de tal magnitud que produjo que el Gabinete renunciase y entrase un Presidente Regional, no aprista, de Premier.
Aprovechando esta coyuntura hemos observado a los anteriormente criticados vestirse de juzgadores más duros que los que tuvo la misma Inquisición española. Compartimos la iniciativa de investigar los actos que tengan señales de corrupción, especialmente cuando son tan evidentes, pero no podemos más que asombrarnos de estos gestos de fiscalización por parte de personas de las cuales dudamos de su capacidad moral como para emitir un juicio de valor correcto frente a actos tan denigrantes.
Gracias a Dios las aguas parece que han vuelto a la calma. El Gabinete se fue y ya no tiene sentido una censura.
Ya es el momento que volteemos la mirada a los 120 parlamentarios y su “peculiaridades” que provocan el bochorno propio y ajeno, haciendo calificar a los políticos peruanos como los peores del continente. Es el momento de poner sobre la mesa del debate nacional al Poder Legislativo y pedir que los fiscalizadores se fiscalicen a ellos mismos.
El tema de los gastos operativos debe de volver a ser visto. Ya que se supone que a través de estos nuestros legisladores, especialmente los que no proceden de Lima, pueden visitar las regiones de donde provienen y acercan de esta manera los reclamos de la masas que los llevaron a su curul al dialogo nacional con perspectivas de un desarrollo común. Labor que hasta ahora no la encontramos desarrollada por ninguno de ellos.
Nosotros estamos llamados a fiscalizar a nuestros parlamentarios, a exigirles trabajo y no subterfugios legales que les permitan no cumplir con su labor para la cual fueron votados. Ya que parece que en este caso realmente ellos pueden ver la paja en el ojo ajeno y no el aserradero que llevan en el propio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario