sábado, 2 de agosto de 2008

La política del perro muerto


Artículo publicado el miercoles 01 de agosto del 2008 en el Diario "El Pueblo"

Hace dos días tomaba un taxi en la avenida Venezuela con la intención de dirigirme a mi domicilio. El hombre del volante que tenía a bien llevarme era un viejo conocido mío. Me sorprendió enterarme que había leído mis columnas anteriormente publicadas en este diario, siendo por el elogiadas y muy bien comentadas. Dentro de este diálogo, que caracterizo mi corto viaje, el me hizo una revelación; el no sólo era taxista, también era trabajador administrativo de la educación peruana y me explico la promesa incumplida por parte del Gobierno.
El ser responsable de la palabra dada, escapando de la discusión sobre la honorabilidad o no de esto, es fundamental para el hombre que se dedica a ser dirigente político y resulta trascendental cuando esta promesa se realiza cuando sé es gobierno. Puesto que estas promesas pueden, en un momento dado, calmar los conflictos sociales que se susciten, generando marcos de confianza que permitan un mejor dialogo entre la sociedad civil y el Gobierno, que a la larga produce la estabilidad tan apreciada por las empresas nacionales y extranjeras para invertir en el país.
En agosto del año pasado, el Primer Ministro firmo un convenio con la Federación de Trabajadores Administrativos del Sector Educación (FENTASE), el mismo señalaba un aumento de cien nuevos soles en sus sueldos. Este compromiso ha sido incumplido provocando que los trabajadores, ya mencionados, se encuentren en una huelga indefinida que no tiene una solución a la vista. La huelga no esta siendo discutida por los sectores de oposición, ya que en comparación numérica los trabajadores administrativos son inferiores al personal docente, y por lo tanto no ven caudales de voto en esta masa que está siendo vejada en sus derechos.
No se si el sindicato de administrativos es manejado por la derecha o la izquierda, y esto naturalmente no me interesa. Lo que si me toca señalar es que el Gobierno les hizo una promesa a través de su Premier y esta se ha visto incumplida. Resulta increíble que a estas alturas se le tenga que recordar al partido de gobierno el valor de la promesa y los inconvenientes que se generan a razón de su desconocimiento posterior.
El crecimiento que esta experimentando el Perú es admirable, incluso resulta una tarea frustrante criticarlo. El que se deba a factores internos o externos resulta irrelevante para el reconocimiento de este hecho económico. Pero lo que si sorprende, es que este crecimiento no se trasluzca en un mejor reparto de la riqueza o en el cumplimento de las promesas dadas que generan una deuda interna que debe de ser cumplida.
La conducta de la “mecida”, cuando la realiza un ciudadano de a pie, es algo cruel para con el afectado, pero peor es cuando esta conducta se institucionaliza y es realizada por el mismo Gobierno que representa a todos los peruanos.

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